LA IMAGEN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Que se ubica en lo más alto del cerro San Cristóbal, se erige luego de grandes esfuerzos, muy avanzados para la época, y de un sacrificio del pueblo creyente jamás visto para financiar una obra de esta envergadura. 

Así comienza esta historia de devoción y fidelidad a la Madre de Dios, que se consolido por la osadía de un  grupo de católicos, para quienes no hubo nada imposible, y que recordamos cuando por mas de 100 años, nuestra Madre vela sobre Santiago. 

 

MARIA INMACULADA 

En 1854, el Papa Pío IX definió el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. En la Bula Ineffabilis Deus del 8 de diciembre de ese año se puede leer: 

“declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los meritos de Jesucristo, salvador del genero humano”.  

Tres años más tarde, el mismo Papa mandaría a hacer una enorme escultura en recuerdo de este dogma, que se coloco sobre una columna en la Plaza de España  en la ciudad de Roma.  

 AÑO JUBILAR DEL DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCION 

Los papas León XIII y Pío X propusieron que, durante el año 1904, se celebrara el quincuagésimo aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. 

Asumiendo la invitación pontificia, el 20 de octubre de 1903, el Arzobispo de Santiago, Mariano Casanova y Casanova, pidió al presbítero don José Alejo Infante Concha, Provisor Oficial del Arzobispado de Santiago, que organizara una reunión de sacerdotes y laicos “a fin de dar a conocer los deseos de los ilustrísimos soberanos Pontífices  León XIII y Pío X de celebrar con grande entusiasmo y con festividades religiosas el dicho aniversario…”. 

El 22 de noviembre se reunía, en el aula Arzobispal, la solicitada asamblea formada por sacerdotes y gran numero de caballeros, presididos por el Arzobispo Casanova. Ese día se creaba una comisión encabezada por don José Alejo Infante e integrada por los sacerdotes Alberto Ugarte, José Ignacio González, Tomas Meza, Alejandro Larrain, Pedro José Infante, y los laicos Domingo Fernández Concha, Enrique Peña Warnes, José Antonio Lira, Juan Bautista González, Luis Gregorio Ossa, Ramón Subercaseaux Vicuña, Osvaldo Pérez Sánchez, Vicente Echeverria Larrain, Rafael Luis Gumucio, Ramón Santelices, José Manuel Eguiguren, Onofre Jarpa Y Eugenio Joannon. 

En esos años no existía en Santiago ningún santuario de grandes magnitudes para el culto de la Madre de Dios. Variadas advocaciones eran veneradas en distintos templos esparcidos por todo el territorio, sin embargo, no podrían albergar a un mayor número de peregrinos. 

Es así como el presbítero Alejo Infante propone, en esta comisión, que la celebración central consista en la colocación de una imagen de la Inmaculada Concepción, de gran tamaño en lo más alto del cerro San Cristóbal 

 

Para poder llevar a cabo estas celebraciones era necesario conseguir los recursos, a si es como don Miguel R. Prado tuvo a su cargo congregar a un grupo de señoras que serian las responsables de reunir los dineros que costearían los trabajos de construcción e instalación de la imagen. El sitio escogido fue asegurado a través de una donación de la Recoleta Dominica y las Hermanas Carmelitas de Santa Teresa, conocidas en la en la  época como Monjas Teresianas, al Arzobispado de Santiago.

Como certifica el acta notarial de la donación, se trata de un terreno ubicado en la cumbre del cerro San Cristóbal y cuanto se encierre en un radio de 100 metros, con el fin de ubicar ahí “La estatua de la Santísima Virgen con que se quiere solemnizar el quincuagésimo aniversario de la proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción, y mantener alrededor de la estatua un espacio adecuado para el ornato del monumento y para la comodidad de los fieles en sus visitas” 

El Arzobispo de Santiago, don Mariano Casanova, envía una comunicación oficial a las otras diócesis explicando los planes sobre la culminación de las celebraciones del aniversario del dogma, con la colocación de una imagen monumental en honor de la inmaculada. Muchos respondieron contagiados de la felicidad de tan noble y hermosa empresa, lo cual es un ejemplo del efecto que comenzaba a generar esta iniciativa.

"Comisión para erigir un monumento a María Inmaculada en el San Cristóbal”

 

Con la decisión de situar en la cumbre del cerro San Cristóbal un colosal monumento a la Purísima, la anteriormente mencionada comisión inicia la búsqueda de alguna imagen que pueda ocupar tan exclusivo atrio. 

La ausencia de modelos originales de la Virgen Inmaculada en talleres de distintos escultores consultados los lleva a tomar la decisión de reproducir una imagen ya existente. Se solicitan presupuestos y modelos  para la obra a Francia, Italia, España y Alemania. 

La posibilidad mas cierta es, entonces, la reproducción de la llamada “Virgen de Roma” a la cual ya nos hemos referido. Esta estatua fue proyectada por el arquitecto Luigi Poletti y es una obra de Giuseppe Obici.

 





 

Camino y piedra 

El grupo encargado comienza a tomar las mejores decisiones  para que todo salga como se espera; que material usar, de que modo enclavarla y como hacerla llegar  son algunas preguntas que durante el proceso se irán respondiendo en un notable trabajo en equipo, como se puede percibir en las comunicaciones de la época. El fin último es poder entregarle a la ciudad de Santiago un regalo incomparable.

 

El cerro San Cristóbal representa un gran desafío para llevar adelante este proyecto, pues en esta época, solo existía un pequeño sendero para llegar a la cumbre. Entonces se requiere de un proyecto vial que hiciera posible la instalación de la imagen de la Virgen y la llegada de los futuros peregrinos a ese lugar. 

Finalmente se contrato a dos ingenieros para que realizaran la apertura del camino de un metro de ancho. El costo de ese trabajo  fue de 2 mil 700 pesos de la época. Con el tiempo ese trayecto se ensanchose ensancho hasta el plano. Además se hicieron dos puentes de concreto armados sobre los canales que costaron 1.200 pesos.

 

El 8 de diciembre de 1904 se peregrino desde la Catedral de Santiago hasta el pórtico de las Monjas Teresianas. Ahí, Monseñor Mariano Casanova, Arzobispo de Santiago, bendijo la piedra que posteriormente fue tomada por algunos padrinos y llevada hasta la cumbre del cerro. Según consignan los documentos de la época, ese día hubo un “gran concurso de sacerdotes, caballeros y señoras y numeroso pueblo”. 

Gracias a los contactos realizados por el embajador de chile en Paris, se le encarga a la prestigiosa fundición Francesa VAL D`OSNE la construcción de la imagen.

La fundición VAL D`OSNE, ubicada en Paris, traslado 42 cajones cuyo peso llegaba a los 46.783 kilos. La imagen costo 22 mil francos, aproximadamente unos 350.000 millones de pesos de hoy, el embalaje dos mil francos mas y para el traslado se contrato un seguro por 38 mil francos, desde Francia hasta Santiago.

 

 

 

La imagen de 12 metros, seria soportada por una base en fierro y concreto. Esta era la opción mas segura y menos costosa a cargo de la compañía Holandesa para concreto armado. Su costo fue de 40 mil pesos y fueron ellos quienes subieron la estatua y la depositaron en el pedestal con las evidentes dificultades de la época, pues incluso el agua debía subirse a la cima. 

 

Bendición de la inmaculada